miércoles, 14 de mayo de 2014

COYOLXAUHQUI LA DIOSA QUE ENFRENTO AL PODEROSO HUITZILOPOCHTLI

LA LUCHA DEL SOL VS LA LUNA EN EL CENTRO HISTORICO

Coatlicue era la diosa de la vida y la muerte. Su nombre significa "la de la falda de serpientes". También se le llamaba Tonantzin, "nuestra muy venerable madre", Madre de los Centzon Huitznáhuac o Cuatrocientos Surianos, dioses de las estrellas del Sur, así como de la diosa Luna Coyolxauhqui, que regía a sus hermanos. Coatlicue estaba viviendo en Coatepec, por el rumbo de Tula, donde hacía penitencia; tenía a su cargo barrer. Una vez, mientras barría, cayó del cielo un hermoso plumaje, que ella recogió y colocó en su seno. Cuando terminó de barrer, buscó la pluma que había guardado, pero no la encontró. En ese momento, quedó embarazada. Al saber los Cuatrocientos Surianos que su madre estaba encinta, se enojaron mucho. Lo consideraron una afrenta. Su hermana Coyolxauhqui, cuyo nombre significa "la de los cascabeles en el rostro", les dijo que, efectivamente, los había deshonrado y debían matarla. Coatlicue se espantó y se entristeció mucho.

NACE EL PODEROSO HUITZILOPOCHTLI

Pero su hijo Huitzilopochtli, que estaba en su seno, le decía: "No temas, yo sé lo que tengo que hacer". Sus palabras la consolaron, calmaron su corazón y la tranquilizaron. Mientras tanto, Coyolxauhqui incitaba y avivaba la ira de los Cuatrocientos Surianos, que se aprestaron para la guerra. Resueltos a acabar con su madre, los Surianos se pusieron en movimiento. Guiados por Coyolxauhqui, iban ataviados y guarnecidos para la guerra, marchando en orden. En ese momento nació Huitzilopochtli, cuyo nombre significa "Colibrí surdo". Con el fuego de la serpiente hecha de teas Xiuhcoatl, que obedecía a Huitzilopochtli, éste hirió a Coyolxauhqui y le cortó la cabeza en la ladera de Coatépetl, "la montaña de la culebra". El cuerpo de la diosa rodó hecho pedazos; por diversas partes cayeron sus manos, piernas y cuerpo. Su furioso hermano arrojó su cabeza al cielo y ella se convirtió en la Luna. Huitzilopochtli, también el dios Sol, persiguió a los Cuatrocientos Surianos, desde la cumbre de Coatépetl hasta el pie de la montaña. En vano se revolvían contra él; nada pudieron hacer, no pudieron defenderse.

EL HALLAZGO DE LA DIOSA LUNA

La madrugada del 21 de febrero de 1978, trabajadores de la desaparecida compañía de Luz y Fuerza del Centro reportaron el hallazgo (en la esquina que por aquel tiempo conformaban las calles de Guatemala y Argentina, en el Centro Histórico de la Ciudad de México) de un extraño monolito. Su misterioso relieve -apenas liberado-, parecía advertir que se trataba de un monumento de la época prehispánica. Hasta ese lugar se reportaron arqueólogos del INAH, enviados por la Oficina de Salvamento Arqueológico, que acudieron al desesperado llamado de los electricistas.

CARACTERÍSTICAS DE LA  COYOLXAUHQUI

La Coyolxauhqui  es un bloque de roca volcánica de color rosado claro de un peso cercano a las 8 toneladas. Colocado en posición horizontal, de acuerdo con la cosmogonía mexica, en la que las deidades de la tierra estaban dispuestas en el suelo, su diámetro es irregular de 3.04 mínimo a 3.25 m máximo, y su grosor total es de 30.05 cm. El relieve muestra a la diosa Coyolxauhqui mutilada de brazos y piernas, con gotas de sangre que manan de las extremidades. En la época prehispánica, este monolito estuvo colocado al pie del Templo Mayor, en el lado correspondiente al adoratorio del dios Huitzilopochtli. Se estima que su datación corresponde a la etapa constructiva IV del Templo, durante el gobierno del Tlatoani Axayácatl 1469-1481.

EL GRAN MUSEO DEL TEMPLO MAYOR

En 1987 se construyó el Museo del Templo Mayor, anexo al templo mismo, y que se inauguró el 12 de octubre de ese mismo año. Las ruinas pueden ser vistas de cerca, caminando por unas pasarelas que le dan la vuelta al complejo. El museo tiene 8 salas y se exhiben miles de objetos precolombinos que provienen de más de 110 ofrendas descubiertas en el templo. Se sigue investigando el templo y sus objetos. Las salas del ala sur están dedicadas a Huitzilopochtli y salas del ala norte están dedicadas a Tláloc. Aquí se encuentra todo lo relacionado con la cultura mexica que quedó sepultada bajo los edificios virreinales. La historia comienza desde la peregrinación iniciada por los mexicas en Aztlán hasta su llegada al lago de Texcoco.

EL LEGADO DE LA GRAN TENOCHTITLÁN


El museo muestra en sus ocho salas las genealogías y roles de los dioses, al tiempo que se exponen los objetos utilizados en sus ritos y sacrificios. Ofrendas, tributo, piezas de trueque, como máscaras, conchas, joyas de oro y plata, nos hablan del intercambio cultural, movilidad y alcance de los mexicas. Las cosmovisiones vinculadas con los dioses que fueron ahí enterrados como la Coatlicue, Huitzilopochtli (dios de la guerra); la Coyolxauhqui (diosa de la Luna), Mayahuel (diosa del pulque), o Tláloc (dios de la lluvia y la fertilidad agrícola), conducen a un mundo que promete, gracias a los arqueólogos, ampliarse aún más con recientes descubrimientos, como el de la diosa Tlaltecuhtli (que supera en tamaño al Calendario Azteca), los restos de pintura mural en el Templo Rojo o la procesión de guerreros en la Casa de las Águilas. 
Roberto Samael C E